22.2.09

La guerra de los nombres de las rosas

Me comentaba hace poco Martingarri que el nombre de James Wilson está inspirado en el de John Watson. En efecto, el nombre del doctor Wilson, inseparable compañero del doctor Gregory House, es un homenaje de David Shore al doctor John Watson, amigo fiel de Sherlock Holmes. De hecho, el apellido del doctor House también es un guiño al doctor Holmes.

Vale, me habéis pillado: Holmes no era doctor. Pero Sir Arthur Conan Doyle, el hombre que le dio la vida (y luego se la quitó, y luego se la devolvió), sí era médico. Es más: el personaje de Holmes estaba inspirado en un médico llamado Joseph Bell.

Dick Watson es un nombre que se menciona en diversos momentos de El hijo de la novia. Es una especie de running gag (chiste recurrente), aunque el chiste no se resuelve hasta el final de la película. Como no quiero cometer ningún espóiler, sólo diré que ese nombre parece un guiño (muy retorcido, casi estrábico) a John Holmes. (Sobreunanube nos confirma que "John Holmes y Sherlock Holmes no son la misma persona".)

El director de El hijo de la novia se llama Juan José Campanella. En inglés sonaría de un modo muy parecido a Joseph Bell.

Guillermo (William) de Baskerville, el monje sabueso de El nombre de la rosa, debe su nombre (el suyo, no el de la rosa) a El sabueso de los Baskerville, novela de Arthur Conan Doyle protagonizada por Sherlock Holmes. Y el título es un homenaje a Romeo y Julieta. Cosas de Umberto Eco, un autor metalingüístico hasta en su propio apellido.

La secuela de Parque jurásico, Un mundo perdido, es tocaya de la famosa novela homónima (valga la redundancia) de Arthur Conan Doyle. Y sí, también va de dinosaurios.

Ser Arthur Dayne es uno de los nombres que aparecen en la sobresaliente (y me quedo corto) serie de novelas Canción de hielo y fuego, de George R.R. Martin. Abro inciso. Para quien no la conozca, diré que se trata de una obra casi tan coral como la guía telefónica, pero muchísimo más recomendable (de hecho, os recomiendo que la leáis ya, antes de que HBO empiece a fusilarla con otra de sus obras maestras). Cierro inciso. Como decía antes de abrir el inciso, Ser Arthur Dayne es un nombre que se cita con frecuencia. Se trata de un caballero medieval en un mundo moderadamente fantástico, una especie de Cid Campeador muerto antes del inicio de la serie. O sea, una leyenda. Más o menos como Conan, el bárbaro de Robert E. Howard. Y claro, si a Ser Arthur Dayne le sumas Conan, se obtiene un resultado muy aproximado a Sir Arthur Conan Doyle.

En Canción de hielo y fuego (obra más coral que una retrospectiva de Spencer Tunick) aparece otro personaje con guiño: el gordo Samwell Tarly, cuyo nombre suena sospechosamente parecido a Samwise Gamgee (el Samsagaz Gamyi de El Señor de los Anillos).

Otro nombre similar a Sam Gamgee es el de la pareja Sam [Fredericks] y [Orlando] Gardiner, personajes de la serie de ciencia-ficción Otherland, de Tad Williams. Aquí es tan obvio el parecido con el jardinero (gardener) Sam, que el propio Gardiner hace algún comentario al respecto (si queréis os lo miro). Pero eso no es todo: el mismo nombre de Sam Gamgee podría ser un sutil (muy sutil, vale) guiño de Tolkien a otro personaje: Sancho Panza. A fin de cuentas, los dos son hombres de campo que abandonan a sus familias para embarcarse en una aventura que ni les va ni les viene. Y no me digáis que Gandalf no es una especie de don Quijote en un mundo que le sigue la corriente.

En los libros de Martin hay más guiños como éstos, lo cual no debería extrañar a nadie, tratándose de una obra más coral que ¿Dónde está Wally? Por ejemplo, las casas feudales de los Stark y los Lannister son un remedo de los York y los Lancaster, famosos por liarla parda en la guerra de las Rosas (v. La flecha negra, de Robert L. Stevenson). Esto no lo he descubierto yo. Lo que sí descubrí hace poco es que el título original de la película La guerra de los Rose bien podría ser un juego de palabras.

Otro ejemplo, mucho más anecdótico (sólo se menciona dos veces, y muy de pasada) son los hermanos Josua y Elyas (hijos de un tal Willum), que se llaman casi igual que los hermanos Josua y Elías, dos de los personajes principales de otra serie novelesca de Tad Williams (¿Willum?): Añoranzas y pesares. También la recomiendo: se trata del eslabón perdido entre El Señor de los Anillos y Canción de hielo y fuego. Lo cual es una insensatez tan grande como decir que el Tirant lo Blanc es el eslabón entre el Amadís de Gaula y el Quijote, pero yo ya me entiendo. Como curiosidad: Williams es autor de otra canción (La canción de Cazarrabo) y otra guerra floral (The war of the flowers). Todo encaja como anillo al Gollum, querido Wilson. En fin. Ya lo dejo, que este post corre el peligro de dar positivo en un test de friquismo.

Bueno, sólo una más: La serie de animación japonesa Detective Conan tampoco debe su nombre al Conan de Howard, ni a otra serie japonesa de dibujos que también se titulaba Conan.

Post postum. No podía concluir este batiburrillo onomástico sin recomendar Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.

5 comentarios:

sobreunanube dijo...

Elemental mi querido Al :-)

claudia paredes dijo...

Si en el nombre de la rosa está la rosa, en los nombres de las rosas está el Eco ;)

al dijo...

Sobreunanube: La famosa frase de "elemental, querido Watson" no la dijo nunca el Sherlock Holmes original. Eso dicen.

Claudia: Eco-lógico, querida Paredes.

(!) hombre perplejo dijo...

El ayudante de Guillermo de Baskerville, ATSO, también debe la insiración de su nombre al compañero de Sherlock, el Dr. wATSOn.

al dijo...

Ya sabía que me dejaba algo.