De repente, sin previo aviso, se fugó a Sudamérica. Esto sucedió en febrero, y no regresó hasta tres meses después. Durante ese lapso, sin embargo, no dejó de lado su actividad criminal; simplemente, la deslocalizó. Y creó un tercer frente; la diferencia, en esta ocasión, es que no actuaba solo, sino con una cómplice. A su regreso a Barcelona, reanudó las colaboraciones con ella, aunque con una frecuencia menor, casi anecdótica. También inició una serie de atentados contra la distribución cinematográfica.
En julio empezaron los mensajes cortos. Nuestros criptógrafos están investigando día y noche, pero aún no han averiguado nada útil. Por la misma época, existen razones para sospechar que dio los primeros pasos para fundar una secta; creemos que aquí también tiene cómplices. Pero la promiscuidad delictiva no acaba ahí: ayer empezó a operar con una nueva banda.
Señores, tengan cuidado ahí fuera.