14.3.15

El hombre del frac (1999)



Si hace 15 años y pico alguien me hubiera dicho que aquella especie de texto teatral que había empezado a escribir se estrenaría el 17 de marzo de 2015, a las 7 de la tarde (hora local), en el IATI Theater de Nueva York, en forma de lectura dramatizada y con dirección de Ignacio García-Bustelo, la conversación habría continuado tal que así:

VISITANTE: ¿No me cree?
HABITANTE: Sí que le creo. Lo que pasa es que ahora tengo una duda. Ahora no sé si debo llamar a la policía o al manicomio.
Imagen: Íñigo Aranburu.

4.2.15

Supermán vuelve (a Madrid)



Pues sí. Seis años después de la presentación del primer Premio Bubok de Creación Literaria, en el que Los últimos días de Clark K. quedó finalista, esta mi primera obra de teatro vuelve a Madrid.

El día: mañana jueves. La hora: las 7 de la tarde. El lugar: el Centre Cultural Blanquerna (calle Alcalá, 44). El reparto: Max Marieges (Clark), Irene Arcos (Lois), Nico Gaude (Supermán) y Ana Lischinsky (Lana). El director: Pedro Casas.*

Madrileños, os espero. Y espero que la obra no tenga que esperar 6 años más para regresar (codazo-codazo-guiño-guiño desesperado a las salas de teatro capitalinas).

* Actualización: 7/2/2015.

20.1.15

El hombre del frac (An American tailcoat)



VISITANTE: Esta guía es un poco antigua. ¿Cuándo la compró?
HABITANTE: Por favor…
VISITANTE: No, si yo lo entiendo. Quieres hacer un viaje, y lo vas dejando, y dejando. Y dejando. Yo mismo, sin ir más lejos, ya hace tiempo que habría ido a Nueva York.

El hombre del frac

Decía en la entrada anterior que el final de 2014 me ha deparado cuatro alegrías. Tras enumerar las tres primeras, había dejado la cuarta inexplicada (aunque ilustrada por la fotografía de un colegio del East Village de Manhattan): no por voluntad de crear suspense, sino porque la noticia aún no era publicable. Ahora que ya es publicable, ha dejado de ser noticia. O lo sigue siendo, pero no tanto como la semana pasada, cuando debería haberla publicado. La procrastinación (luego busco un sinónimo más inteligible) es lo que tiene. En cualquier caso, ahí va:

Mi obra El hombre del frac ha sido seleccionada para participar en el programa de desarrollo Cimientos del IATI Theater de Nueva York, junto a los siguientes textos: The Feast, de Celine Song; Milagro, de Luis Miguel González Cruz; Slipspace, de Mark Schulz; Storage Locker, de Jeff Stolzer; [rapture play], de C.J. Celeiro; Gazoline, de Jordi Casanovas; The Limp, de Rafael Casal; y The Kitchen, de Roger Simeon.

La lectura dramatizada de El hombre del frac tendrá lugar el 17 de marzo a las 7 de la tarde (hora local), en el IATI Theater (cerca del colegio de la foto). Será la primera vez que la obra se muestre en público.
Sinopsis
Se produce un disparo. Momentos después, el habitante de esta casa recibe la visita de un desconocido: un hombre con frac, chistera y un maletín. Está huyendo de un sujeto disfrazado de pantera de dibujos animados que le reclama la liquidación de una deuda. El visitante no está en disposición de saldarla, por eso se esconde. El anfitrión involuntario también tiene cosas que esconder: una pistola, tal vez un cadáver.

Ésta es la historia de dos personajes que son a la vez cazadores y presas. Dos hombres que huyen continuamente, durante años. Pero es difícil huir de uno mismo.
Continuará.

31.12.14

Los últimos días de 2014

No entiendo esa costumbre de publicar listas con lo mejor o más destacado del año antes de que acabe el año en cuestión. Me recuerda a los espectadores de un partido de fútbol que se marchan antes de que el árbitro pite el final. ¿Es que no saben que mientras hay juego hay esperanza? ¿Acaso no comprenden que les están haciendo un feo a los minutos finales? Del mismo modo, los últimos días del año merecen un respeto. Son last pero no least.

Sin ir más lejos, estas últimas semanas me han regalado un puñado de alegrías altamente reseñables. He aquí la lista:

Uno.



En Cataluña hay muchas compañías de teatro independientes. Esto es: compañías de teatro que dependen poco más que de sí mismas en su lucha contra la adversidad (que ahora mismo está siendo muy adversa). Sin embargo, durante 2014 han empezado a colaborar entre sí, propiciando algo así como una interdependencia de independencias. Uno de los resultados de dicha colaboración es la revista El Virus, en cuyo consejo de redacción he tenido el honor y la satisfacción de verme involucrado. El 23 de diciembre salió el primer número (el 0), con una tirada de 11.000 ejemplares gratuitos y una versión digital.

Dos.

 

Este cuaderno vino desde Sudáfrica (con amor). Forma parte de iwasshot in joburg :), iniciativa social basada en fotos hechas por un grupo de antiguos niños de la calle (former street children, en el original) con cámaras desechables. Ahora está lleno de notas sobre Betún, un proyecto de obra de teatro cuyo protagonista también es sudafricano y que ha sido seleccionado para formar parte del III Laboratorio de Escritura Teatral de la Fundación SGAE.

Tres.

 

Los últimos días de Clark K., dirigida por Xavier Villanova y escrita por un servidor, se ha alzado con el premio del público en "Las mejores obras de teatro de 2014" de Time Out México. Y, de rebote, también me ha alzado (todavía más) el ánimo. Hablando de ánimo: ¿no se anima ningún programador de por aquí a traerla?

Cuatro.



Cuando haya acabado 2014, vuelvo y os lo explico.

¡Feliz año que viene!

17.12.14

'Mad Men', quiero ser artista*

Sterling Cooper tiene más intelectuales y artistas fracasados que el Tercer Reich.
DON DRAPER

Nueva York, años 60. Ken Cosgrove trabaja en una agencia de publicidad y en su tiempo libre escribe cuentos y novelas. Hasta aquí, todo normal. Lo raro es que algunos de estos cuentos y novelas han llegado a publicarse. Más raro aún es que Cosgrove no trabaja de creativo. No escribe anuncios. No diseña anuncios. Cosgrove es un ejecutivo de cuentas. Desde el punto de vista creativo, ser ejecutivo tiene una gran ventaja: es un empleo que no interfiere en sus inquietudes artísticas. No las desgasta, por así decirlo, y cuando vuelve a casa su imaginación sigue intacta, fresca y a punto para acometer un nuevo capítulo. Pero no nos engañemos: un ejecutivo de cuentas no es un oficinista al uso. No es un funcionario. No es Franz Kafka en horario laboral. El trabajo de Ken Cosgrove tal vez no erosione su hemisferio cerebral derecho, pero aun así entraña riesgos físicos; incluso podría costarle un ojo (ojo: espóiler) de la cara.



En el país de los ciegos, el tuerto (guiño) es el rey. La carrera literaria de Cosgrove provoca envidias entre los creativos de Sterling Cooper, la agencia de publicidad donde trabaja: «No sabía que estaba compitiendo contigo», le suelta el redactor Paul Kinsey. Aunque quien más envidia le profesa es su compañero de departamento, el ejecutivo Pete Campbell, un catacaldos que bien podría hacer suyo el eslogan «Culo veo, culo quiero». Todo el mundo quiere ser escritor. Todo el mundo quiere ser artista. Y a todos los niveles de la cadena de mando: no se libra ni el veterano director creativo Lou Avery, quien todavía sueña con hacer carrera en el mundo de la historieta. Su tira cómica inédita se convertirá en blanco de las burlas de los publicitarios más jóvenes; unas burlas que en realidad son la proyección de los propios fracasos. De todos modos, Lou Avery nunca será Tex Avery. (Y el redactor Michael Ginsberg nunca será Allen Ginsberg, aunque acabe de figurante en el primer verso de Howl: «Vi a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura».)

En palabras de Roger Sterling, socio fundador de la agencia: «En el último cajón de cada escritorio de este lugar se guardan las primeras diez páginas de una novela.» Esta afirmación no es del todo cierta: el cajón de Paul Kinsey no encierra una novela, sino una obra de teatro titulada La muerte es mi cliente

Ya lo decía Un Pingüino en mi Ascensor (aventura musical de José Luis Moro, uno de los creativos más creativos de España): «No hay nada más frustrante que hacer anuncios de suavizante.» Yo aún diría más: «No hay nada más frustrante que hacer anuncios.» Las causas son varias. Por un lado, las mejores ideas suelen quedarse en el cajón, justo encima de esa novela apenas empezada. Por otro lado, cuando una buena idea logra superar una carrera de obstáculos que haría palidecer las pruebas de Humor amarillo, ¿cuál es el resultado? Un anuncio de veinte segundos que casi nadie sabrá que has escrito tú, porque no va firmado. Publicitarios: por sus obras no los conoceréis.

Cuando el talento que uno tiene (o cree tener) no es reconocido, surge la insatisfacción, o la búsqueda de satisfacción por otros medios. Pero ¿qué sucede cuando sí existe ese reconocimiento? Entonces aparece la sensación de que se trata de un reconocimiento inmerecido. Es el síndrome del impostor. A la Wikipedia me remito: «A pesar de las evidencias externas de su competencia, aquellos con el síndrome permanecen convencidos de que son un fraude y no merecen el éxito que han conseguido. Las pruebas de éxito son rechazadas como pura suerte, coincidencia o como el resultado de hacer pensar a otros que son más inteligentes y competentes de lo que ellos creen ser.»


Don Draper es el síndrome del impostor llevado al extremo. El director creativo estrella de Sterling Cooper no guarda una novela en el cajón: él esconde un cadáver en el mueble bar. En su caso lo que permanece oculto no es la obra, sino el autor. La obra es una ficción llamada Don Draper, y su autor es un tal Dick Whitman (como en la ficción cuyo nombre es Don Quijote, obra de Alonso Quijano). Don Draper es un anuncio y, como sucede con todos los anuncios, no lleva la firma de su creador. Porque los publicitarios se enfrentan al anonimato, también en las distancias cortas, que es donde un hombre se la juega. Y Dick Whitman, el soldado desconocido con apellido de poeta (como Ginsberg), se la juega continuamente. «¿Draper? ¿Alguien sabe algo de este tipo?», se pregunta Harry Crane, planificador de medios. «Podría ser Batman, por lo que sabemos.» Y su esposa Betty podría ser la Samantha de Embrujada, pero ésa es otra historia.

Otra creación oculta, y nada ficticia, es el bebé de Peggy Olson. Igual que Dick Whitman, la joven redactora ha escogido reinventarse a cualquier precio, y este precio incluye ignorar su maternidad para medrar en un mundo masculino. Es el sueño americano de toda la vida. Como afirma Bert Cooper, el otro fundador de la agencia: «Este país ha sido construido y gobernado por hombres con historias peores de lo que usted pueda imaginarse.» Aunque se refiere a Estados Unidos, la sentencia también es válida para otros países.

No sería justo concluir un texto sobre el anonimato creativo sin nombrar a un solo guionista. Por ejemplo, a Matthew Weiner. De él cuenta Brett Martin en su libro Hombres fuera de serie (Difficult Men) que durante largos años iba con el piloto de Mad Men en el maletín (no me refiero a Ted Chaough, aviador de la serie, sino al guión del primer capítulo). De hecho, gracias a este guión Weiner consiguió un trabajo en Los Soprano. Y gracias a trabajar en la mítica serie de la HBO logró vendérselo a la cadena AMC. (La HBO lo rechazó, pese a la recomendación expresa del mismísimo David Chase.) «Todo el mundo fuma. Son desagradables. Va del mundo de la publicidad, eso no tiene un valor internacional. Es lenta. Es de época. Es la peor idea posible», dijo un mandamás de la AMC. No creían en ella, pero pensaron que tenía posibilidades de ganar un Emmy. Y la hicieron. La hicieron, como los creativos publicitarios que de vez en cuando hacen truchos: anuncios sin más objetivo que reportarles premios y reconocimiento en un mundillo de gente poco conocida.

* Este texto fue publicado originalmente en Miradas de cine.

28.5.14

Quiero

Hace unas semanas, desde el programa Tot és comèdia de Cadena SER Catalunya me pidieron una pequeña colaboración para su sección "Vull". Debía escribir (y leer) unos versos inspirados en el poema "Quiero todo esto" de José Agustín Goytisolo.

Este es el resultado:
Quiero que ser autónomo no pase factura
Quiero que no me tiemble la voz al hablar por la radio
Quiero escribir solo sin tilde sólo cuando no es solamente
Quiero tener un millón, pero no de amigos
Quiero que el abrefácil haga honor a su nombre
Quiero que el cierre relámpago haga honor a su nombre
Quiero críticos más autocríticos
Quiero que las películas dobladas se estrenen con un mes de retraso respecto a sus versiones originales
Quiero que devuelvan la estación de Sants a los pasajeros de Rodalies
Quiero que el metro de Barcelona circule durante toda la noche, todas las noches
Quiero pasar la ITV
Quiero que Grecia registre la marca Europa
Quiero que Paquirrín gane el Premio Cervantes
Quiero que se capte la ironía
Quiero encontrar las bolas de dragón
Quiero que aparezca el dragón, y decirle:
Quiero pedir el comodín de la llamada
Quiero ver como explota la burbuja de los programas de cocina
Quiero un teatro público menos necrófilo
Quiero que los creativos publicitarios cobren derechos de autor
Quiero plagiar un verso de Joaquín Sabina
Quiero que gane el quiero la guerra del puedo
Quiero escuchar la versión original de “Private dancer”, grabada por los Dire Straits
Quiero que la palabra desahucio caiga en desuso
Quiero saber silbar
Quiero que todos los actores cobren por ensayar
Quiero que todos los trabajadores cobren por trabajar
Quiero que los evasores fiscales se evadan a Marte, y que no vuelvan
Quiero que emplumen a los que nos despluman
Quiero que la palabra crisis en japonés quiera decir peligro y putada
Quiero que Twitter no quiera ser Facebook
Quiero hacer una red social cuya pregunta de cabecera sea “Què t'empatolles?”
Quiero salir a correr sin que me llamen runner
Quiero que todos los libros de autoayuda prediquen con el ejemplo y estén autoeditados
Quiero ser artista
Quiero cinco minutos más