

La Vila de Gràcia, un tranquilo barrio con complejo de pueblo, sufre la amenaza de una marabunta de estudiantes que hablan raro. Para frenar la invasión, a los nativos no les queda otro remedio que hacerle la pelota a un grupo de refugiados, que también hablan raro pero no reciben ninguna subvención.
Entre los personajes secundarios, hay un viejo botiguer que sólo tiene una frase, pero la suelta cada dos por tres: "Con la tuna vivíamos mejor."