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17.12.14

'Mad Men', quiero ser artista*

Sterling Cooper tiene más intelectuales y artistas fracasados que el Tercer Reich.
DON DRAPER

Nueva York, años 60. Ken Cosgrove trabaja en una agencia de publicidad y en su tiempo libre escribe cuentos y novelas. Hasta aquí, todo normal. Lo raro es que algunos de estos cuentos y novelas han llegado a publicarse. Más raro aún es que Cosgrove no trabaja de creativo. No escribe anuncios. No diseña anuncios. Cosgrove es un ejecutivo de cuentas. Desde el punto de vista creativo, ser ejecutivo tiene una gran ventaja: es un empleo que no interfiere en sus inquietudes artísticas. No las desgasta, por así decirlo, y cuando vuelve a casa su imaginación sigue intacta, fresca y a punto para acometer un nuevo capítulo. Pero no nos engañemos: un ejecutivo de cuentas no es un oficinista al uso. No es un funcionario. No es Franz Kafka en horario laboral. El trabajo de Ken Cosgrove tal vez no erosione su hemisferio cerebral derecho, pero aun así entraña riesgos físicos; incluso podría costarle un ojo (ojo: espóiler) de la cara.



En el país de los ciegos, el tuerto (guiño) es el rey. La carrera literaria de Cosgrove provoca envidias entre los creativos de Sterling Cooper, la agencia de publicidad donde trabaja: «No sabía que estaba compitiendo contigo», le suelta el redactor Paul Kinsey. Aunque quien más envidia le profesa es su compañero de departamento, el ejecutivo Pete Campbell, un catacaldos que bien podría hacer suyo el eslogan «Culo veo, culo quiero». Todo el mundo quiere ser escritor. Todo el mundo quiere ser artista. Y a todos los niveles de la cadena de mando: no se libra ni el veterano director creativo Lou Avery, quien todavía sueña con hacer carrera en el mundo de la historieta. Su tira cómica inédita se convertirá en blanco de las burlas de los publicitarios más jóvenes; unas burlas que en realidad son la proyección de los propios fracasos. De todos modos, Lou Avery nunca será Tex Avery. (Y el redactor Michael Ginsberg nunca será Allen Ginsberg, aunque acabe de figurante en el primer verso de Howl: «Vi a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura».)

En palabras de Roger Sterling, socio fundador de la agencia: «En el último cajón de cada escritorio de este lugar se guardan las primeras diez páginas de una novela.» Esta afirmación no es del todo cierta: el cajón de Paul Kinsey no encierra una novela, sino una obra de teatro titulada La muerte es mi cliente

Ya lo decía Un Pingüino en mi Ascensor (aventura musical de José Luis Moro, uno de los creativos más creativos de España): «No hay nada más frustrante que hacer anuncios de suavizante.» Yo aún diría más: «No hay nada más frustrante que hacer anuncios.» Las causas son varias. Por un lado, las mejores ideas suelen quedarse en el cajón, justo encima de esa novela apenas empezada. Por otro lado, cuando una buena idea logra superar una carrera de obstáculos que haría palidecer las pruebas de Humor amarillo, ¿cuál es el resultado? Un anuncio de veinte segundos que casi nadie sabrá que has escrito tú, porque no va firmado. Publicitarios: por sus obras no los conoceréis.

Cuando el talento que uno tiene (o cree tener) no es reconocido, surge la insatisfacción, o la búsqueda de satisfacción por otros medios. Pero ¿qué sucede cuando sí existe ese reconocimiento? Entonces aparece la sensación de que se trata de un reconocimiento inmerecido. Es el síndrome del impostor. A la Wikipedia me remito: «A pesar de las evidencias externas de su competencia, aquellos con el síndrome permanecen convencidos de que son un fraude y no merecen el éxito que han conseguido. Las pruebas de éxito son rechazadas como pura suerte, coincidencia o como el resultado de hacer pensar a otros que son más inteligentes y competentes de lo que ellos creen ser.»


Don Draper es el síndrome del impostor llevado al extremo. El director creativo estrella de Sterling Cooper no guarda una novela en el cajón: él esconde un cadáver en el mueble bar. En su caso lo que permanece oculto no es la obra, sino el autor. La obra es una ficción llamada Don Draper, y su autor es un tal Dick Whitman (como en la ficción cuyo nombre es Don Quijote, obra de Alonso Quijano). Don Draper es un anuncio y, como sucede con todos los anuncios, no lleva la firma de su creador. Porque los publicitarios se enfrentan al anonimato, también en las distancias cortas, que es donde un hombre se la juega. Y Dick Whitman, el soldado desconocido con apellido de poeta (como Ginsberg), se la juega continuamente. «¿Draper? ¿Alguien sabe algo de este tipo?», se pregunta Harry Crane, planificador de medios. «Podría ser Batman, por lo que sabemos.» Y su esposa Betty podría ser la Samantha de Embrujada, pero ésa es otra historia.

Otra creación oculta, y nada ficticia, es el bebé de Peggy Olson. Igual que Dick Whitman, la joven redactora ha escogido reinventarse a cualquier precio, y este precio incluye ignorar su maternidad para medrar en un mundo masculino. Es el sueño americano de toda la vida. Como afirma Bert Cooper, el otro fundador de la agencia: «Este país ha sido construido y gobernado por hombres con historias peores de lo que usted pueda imaginarse.» Aunque se refiere a Estados Unidos, la sentencia también es válida para otros países.

No sería justo concluir un texto sobre el anonimato creativo sin nombrar a un solo guionista. Por ejemplo, a Matthew Weiner. De él cuenta Brett Martin en su libro Hombres fuera de serie (Difficult Men) que durante largos años iba con el piloto de Mad Men en el maletín (no me refiero a Ted Chaough, aviador de la serie, sino al guión del primer capítulo). De hecho, gracias a este guión Weiner consiguió un trabajo en Los Soprano. Y gracias a trabajar en la mítica serie de la HBO logró vendérselo a la cadena AMC. (La HBO lo rechazó, pese a la recomendación expresa del mismísimo David Chase.) «Todo el mundo fuma. Son desagradables. Va del mundo de la publicidad, eso no tiene un valor internacional. Es lenta. Es de época. Es la peor idea posible», dijo un mandamás de la AMC. No creían en ella, pero pensaron que tenía posibilidades de ganar un Emmy. Y la hicieron. La hicieron, como los creativos publicitarios que de vez en cuando hacen truchos: anuncios sin más objetivo que reportarles premios y reconocimiento en un mundillo de gente poco conocida.

* Este texto fue publicado originalmente en Miradas de cine.

1.2.12

La repetición de la repetición


Antes



Después



Como diría Chuck Palahniuk (copio textualmente), "todo parece la copia de una copia de otra copia".

Ahora, con vuestro permiso, voy a bostezar.

Un post sobre el 'Valor afegit'


Si hace un mes y medio me hubieran dicho que iba a ver un ensayo de mi obra Només un anunci (Sólo un anuncio) en un programa de economía, no me lo habría creído.

Bueno, en realidad sí que me lo habría creído: hace un mes y medio fui testigo de parte de la grabación.



La SALAFlyHard aparece entre los minutos 7:40 y 9:40, pero el resto del reportaje (significativamente titulado "Més crisi, més teatre") tampoco tiene desperdicio.

13.5.11

Sin Chronic City


Sin


Algún día hablaré de "El séptimo sello", una breve pieza teatral de Woody Allen que me persigue con persistencia desde mucho antes de haberla leído. Está incluida en el libro Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, incluido a su vez en el volumen Cuentos sin plumas.

La semana pasada estaba en el ferrocatalán leyendo uno de los relatos del libro Sin plumas (también incluido en Cuentos sin plumas). Tras acabarlo, me planteé la posibilidad de empezar el siguiente, un cuento sobre Van Gogh en un universo alternativo: "Si los impresionistas hubieran sido dentistas (Una fantasía que explora la transposición de temperamento)". Al final, y como faltaba poco para mi parada, opté por no empezarlo. Poco después, al bajarme del tren y encaminarme hacia la salida de la estación, me topé por vez primera con el cartel de la última película de Woody Allen. A los que no lo hayáis visto, sólo os diré una cosa: si Van Gogh levantara la cabeza no vacilaría en adscribirse al movimiento surrealista, escuela navaja en el ojo. (Sólo espero que la película sea muchísimo mejor; o, por lo menos, tan genial como el cuento.)

Por cierto, cada vez que veo los nenúfares de Monet me retrotraigo proustianamente a la sala de espera del dentista al que acudía de pequeño. También me acuerdo de City, de Alessandro Baricco.

Chronic


Esta mañana zapeo con el desayuno. En la primera de TVE están entrevistando a Jordi Hereu, alcalde alcaldable de Barcelona. En la 2 hay un reportaje sobre Sicilia. TV3 emite otra entrevista a Jordi Hereu. Y el 33, otro reportaje sobre Sicilia.

City


Había empezado a leer Emaús, de Baricco. Poco después, y como no suelo leer los libros de un tirón, fui a coger el primer punto de libro que encontré por casa.



Estoy seguro de que el modelo del punto de libro es pariente cercano de Baricco. De hecho, está leyendo un libro en italiano (esto no prueba nada, pero tampoco lo desmiente).

Epílogo/Epicentro


"La noche pasada soñé que Murcia iba a desaparecer", canta Sr. Chinarro en la gloriosa "Babieca". Y la semana pasada, en un festival de Murcia llamado SOS, Patti Smith le pidió que la acompañara a la guitarra. Pero ésta es otra historia, y ahora no toca.



VÍDEO: © Los créditos aparecen en el minuto 5:55.

14.2.11

De Baltimore a Nueva Orleans (19 horas y 40 minutos, según Google Maps)




Es imposible ver Tremé sin pensar en The wire. Claro que si no has visto The wire, es posible que veas Tremé sin pensar en The wire. Pero, si no has visto The wire, ¿qué haces viendo Tremé? ¿Qué haces leyendo este blog?

Tremé (yo lo escribo con tilde, aunque en la serie va sin, así que no sé) es el último artefacto televisivo de David Simon, cocreador de The wire. Ambas series tienen muchas cosas en común. Para empezar, son muy realistas, pero con ese realismo que a veces, más que realista, es real. Porque The wire es muy real. Aunque los hechos que narra sean ficticios, hunden sus raíces en la realidad misma.

David Simon había sido periodista. Ed Burns, el otro cocreador, había sido policía. Y profesor. ¿O el profesor era Simon? No, creo que era Burns. Esta duda se podría despejar si me documentara como es debido. Pero, si me documentara como es debido, estaría trabajando en el Baltimore Sun, o en la HBO. Digo que David Simon había sido periodista, y Ed Burns (no confundir con el director de Ella es única) había sido policía y profesor, porque la serie iba de policías y periodistas y profesores y políticos y muchas profesiones que empiezan por P, y se notaba que sabían de qué hablaban, porque lo habían vivido, y lo que no, pues se lo inventaban, pero después de haberse documentado como buenos periodistas (a los malos les basta con mirar los trending topics del Twitter) y como buenos guionistas (aquí debo mencionar a George Pelecanos, Richard Price, Dennis Lehane y toda la peña). Y… me he perdido. Ah sí, que The wire es una serie basada no tanto en hechos reales como en la realidad pura y dura y cruda. De hecho, algunos de sus personajes están interpretados por personajes reales (gentes del hampa local, ya rehabilitados, creo). El resto del reparto son actores enormes pero desconocidos para el gran público. Y ése es el problema: son tan buenos que les llueven ofertas de trabajo. Aunque para ellos no supone ningún problema, claro.

A Michael K. Williams (Omar Little) lo hemos vuelto a ver en La carretera. Y claro, ves La carretera y no dices "¡Mira, Michael K. Williams!", sino "¡Mira, Omar!" o quizás "¡Mira, Omar haciendo de Bubbles!" (otro personaje de The wire). Ahora también lo podemos ver en Boardwalk Empire, la última gran serie de mafiosos de la HBO. En el tráiler de la misma, aparece con dos escopetas recortadas y, claro, es imposible no decir "¡Joder, pero si es Omar!", porque si algo caracteriza al bueno de Omar es ir por ahí con dos armas de fuego, una por brazo. Y claro, entiendo que es un guiño, y los guiños se agradecen, pero te sacan de la historia. Además, encasillan al actor. Pero olvidad esto último: al final del párrafo anterior he dicho que para los actores no supone ningún problema, y tampoco es plan de ir contradiciéndome.

Entonces llega Tremé. Como he apuntado en el segundo párrafo, Tremé tiene muchas cosas en común con The wire. Una de ellas es su tratamiento sumamente realista. Pero comparten más cosas. Por ejemplo, los actores. A ver, no estoy diciendo que los actores sean cosas (aunque haya gente empeñada en llamar a los trabajadores "recursos humanos", pero ésta es otra guerra). Tampoco estoy diciendo que ambas series compartan a los actores, como si fueran padres divorciados, una semana contigo, la otra conmigo, porque The wire ya se acabó y, por lo tanto, no tiene que compartir nada con nadie. Pero me habéis entendido, ¿no? En realidad, no tienen tantos actores en común. De entrada, están Clarke Peters y Wendell Pierce, viejos conocidos (conocidos como Freamon y Bunk, respectivamente). No digo que antes de The wire hubieran sido unos perfectos desconocidos, pero desde luego no eran Morgan Freeman y el padre de Cosas de casa. El caso es que, mientras veías The wire, eras incapaz de imaginártelos en otro papel. No eran actores. Eran policías de Baltimore. En cambio, los ves en Tremé y su trabajo interpretativo sigue siendo tan bueno o mejor pero, claro, ahora sí puedes imaginártelos en otro papel. Porque, no importa que uno de ellos toque el trombón y el otro haya cambiado los muebles en miniatura por las reformas a gran escala, en lo más profundo de su ADN siguen siendo policías de Baltimore.

Pero no estoy siendo justo. Sólo llevo cuatro episodios de Tremé. En cambio, de The wire he visto los sesenta (y algunos los he visto dos veces, pero ésta es otra historia). Estoy seguro de que cuando lleve más capítulos pensaré menos en Baltimore. Del mismo modo que fui capaz de ver la tercera, la cuarta y la quinta temporada de A dos metros bajo tierra después de haber visto la primera de Dexter sin temer que el enterrador interpretado por Michael C. Hall fuera en realidad un psicópata. Por eso digo que no estoy siendo justo. Sin embargo, David Simon no nos lo pone nada fácil.

Por ejemplo, el cuarto capítulo de Tremé incluye dos cameos ilustres: el músico Steve Earle (intérprete del tema de The wire en la quinta temporada y actor en algunos episodios) y Jim True-Frost, el agente Pryzbylewski de la otra serie. Además, el capítulo también incluye un chiste a partir del cual se había generado una de las tramas de la tercera temporada:



Hamsterdam. Esto es un guiño como la copa de una secuoya. Y si Tremé nos cuenta lo que pasa en Nueva Orleans después del Katrina, Tremé es lo que pasa en la HBO después de The wire (y de Generation Kill, pero ésta aún no la he visto).

¿Sabéis qué? Tremé mola. Cada vez mola más (suele pasarme con algunas series de la HBO, como Roma o Boardwalk Empire, que tardan en engancharme pero luego no me sueltan). Y, además, sale John Goodman.



Tremendo.

5.12.10

Hola a las armas


No entiendo a los logotipadores de series. Pudiendo diseñar una tipografía a mano alzada, ¿qué necesidad tienen de alzarse en armas?







Definitivamente, se acerca el invierno (y mi caldera sigue haciendo de las suyas).

12.11.10

Las risas enlatadas son una lata




Recuerdo una historieta de Escobar en la que Zipi y Zape se inventaban un formato televisivo: la serie melodramática con llantos enlatados. Suena absurdo, pero no más que las risas enlatadas.

Nunca las he entendido. Si los gags de una telecomedia son poco o nada graciosos, la introducción de unas risas no hace más que acentuar esa falta de gracia. Por el contrario, si son graciosos, ¿para qué añadir risas prefabricadas? Tal vez partan de la idea de que la carcajada es contagiosa, pero yo creo que más bien incita al bostezo, mucho más contagioso.

Ayer vi el primer episodio de Museo Coconut, el último producto de los creadores de La hora chanante y Muchachada Nui. Es una telecomedia que emiten en Neox (esa cadena que no tiene reparos en partir una frase de Homer Simpson para hacer el corte publicitario a la vez que Antena 3) y que, por una razón que desconozco, incluye risas enlatadas. Tal vez los de Joaquín Reyes hayan querido rizar el rizo de su humor absurdo y surrealista recurriendo a trucos que, por más sobados que estén, nunca dejarán de ser absurdos y surrealistas. Y es que, aparte de las mencionadas risas, hay otros clásicos del humor, como el personaje tartamudo. Mundo viejuno llevado a su máxima expresión.

Si la serie naufragara, como los marineros Maricón y Tontico, sólo salvaría la intro, algunos gags, al personaje de Julián López (me recuerda a un vigilante del Museu Picasso que no paraba de decir: "Esto es una mierda"), al guía interpretado por Carlos Areces y los espumarajos de Miki Nadal. Y a David Trueba, no porque su cameo como cirujano de cuadros sea especialmente memorable, sino porque lo necesitamos para preparar una nueva serie: ¿Qué fue de Joaquín Reyes? No descarto cambiar de opinión cuando vea el segundo episodio, pero de momento a Museo Coconut le falta bastante para ser Museo Collonut.

De todos modos, lo peor de las risas enlatadas no es que hayan contagiado a los muchachos chanantes. Lo peor es que han empezado a introducirse en la literatura. Tal vez exagero, pero de momento ya han infectado Twitter, Facebook y la blogosfera mundial. Me refiero a esos mensajes y comentarios que acaban con jajajaja o XD (bueno, esto último no estoy seguro de que sea una risa). Y debo reconocer que son muy útiles, al menos en mi caso: me sirven, no para saber dónde debo reír, sino para saber dónde debo hacer un unfollow.

En resumidas cuentas, vale más no tener gracia que ser un gracioso jajajaja.

13.9.10

Citas paralelas (8)




Me encanta que los planes salgan bien.

JOHN HANNIBAL SMITH

Lo bueno sale bien.

PESCANOVA


¿Son John Hannibal Smith y el Capitán Pescanova la misma persona? ¿O es el Capitán Pescanova un remake del Capitán Iglo, como Liam Neeson lo es de George Peppard y Julia Ormond lo es de Audrey Hepburn? A todo esto, ¿qué pasó con el Capitán Iglo? ¿Fue acusado de un crimen que no había cometido y, buscado todavía por el gobierno, sobrevive como soldado de fortuna? ¿O acaso permanece congelado, como Walt Disney? ¿Y Chanquete? ¿Alguien ha visto su cadáver? Pero no nos desviemos del tema principal (o mainstream, que rima con A-Team): ¿es cierto que la división italiana de Pescanova se dedica a congelar melocotones? En cualquier caso, y tratándose de buenos alimentos, ¿qué es preferible? ¿Que salgan bien o que entren bien? Y, ya que estamos, ¿quién dijo que bien está lo que bien acaba? ¿Es que no se dan cuenta de que una película ya puede tener el mejor desenlace de la historia del cine, que como el principio sea infumable no va a quedarse hasta el final ni el montador? Y por último, y no por ello menos importante, ¿habéis leído este titular descongelado de El Mundo Today: "Pescanova reconoce que lo bueno a veces puede salir mal"? Por último (ahora sí), ¿los nombres de los periódicos digitales deben escribirse en cursiva o no hace falta?

(Este post está dedicado a Julia Ormond.)

27.7.10

Daniel Defoe, Robinson Crusoe y Danielle Rousseau no son la misma persona


Al regresar por la playa, vi muchas especies de aves acuáticas que desconocía, pero quedé sorprendido y casi asustado por la presencia de dos o tres focas.

DANIEL DEFOE, Robinson Crusoe

Pues no quiero ni imaginar el susto que se habría llevado el bueno de Robinson si, en lugar de focas, hubiera encontrado osos polares. O peor: a Juliet Burke preguntándole si está embarazado y, en caso afirmativo, si la inseminación se produjo dentro o fuera de la isla.

Aunque, para susto, el que me he llevado al tropezarme en la Lostpedia con este báner:



Dios los cría y Jacob* los junta.

* Y en la entrada de Jacob: un Googleanuncio con el titular "Find people".

8.6.10

Partidos perdidos


No voy a hablar del final de Lost, al menos de momento. Como sólo he visto hasta la tercera temporada, me limitaré a hacer un resumen de un capítulo que vi la semana pasada: un personaje con poderes precognitivos tiene un flashback y, dentro de ese flashback, tiene un segundo flashback; se trata de un flashback autoconsciente (como un sueño lúcido) salpicado de breves flashforwards. Tampoco falta el típico listillo que dice: “Eso se llama déjà vu.” Hasta aquí, nada raro.

Lo curioso es que yo también tuve un déjà vu: este capítulo lo había visto tres años atrás. Pero entonces no seguía la serie y, claro está, no entendí nada. De hecho, cuando lo volví a ver la semana pasada tampoco entendí gran cosa. Aun así, me llamó la atención un detalle: en el flashback dentro del flashback, el personaje es capaz de predecir que unos futbolistas que van de azulgrana están a punto de meterles un gol a unos futbolistas que van de blanco. Al fondo, la pancarta de la Penya Almogàvers.



Ayer experimenté otro déjà vu al oírle gritar a un personaje: “We have to go back, Kate… we have to go back!”, frase que ya aparece citada en Egosurfing, de Llucia Ramis, que en breve saldrá traducida al castellano (la novela; la frase la dejarán en inglés, supongo).

13.12.09

Por palabras



Éste es el piloto de una serie que no llegó a hacerse, y mi primera experiencia seria y no remunerada (aunque enriquecedora) como guionista.

Dirección: Isidro Ortiz
Producción: Ramon Vidal (Fausto P.C.)
Guión: Alberto Ramos
Dirección de actores: Tamzin Townsend
Reparto: Roger Casamajor (Luismi), Cristina Brondo (Míriam), Pau Miró (Sebas), Daniel Grao (Hugo sin hache), Marc Rodríguez (Juan Carlos), Pape Monsoriu (Pili), Roger Padilla (Cristian), Dafnis Balduz (Mingo), Irene Montalà (Bárbara), Jose Gamo (camarero)
Año: 2002 (ha llovido)

ATENCIÓN: Por su lenguaje deslenguado, este vídeo no es apto para menores ni para ver en el trabajo (a no ser que trabajes en una productora o una cadena de televisión).

13.9.09

¡A robar carteles!


El cartel de Mapa de los sonidos de Tokio se enfrenta a una demanda por plagio (aunque, más que plagio, es un "recorta y pega").

Sin embargo, la productora de Isabel Coixet no es la única que confunde el cartelismo con el carterismo. Jennifer's body, la penúltima producción de Jason Reitman (con guión de Diablo Cody) también se ha apuntado a la moda del vampirismo cartelero.



No se vayan todavía. Pero si lo hacen, pásense por aquí, que aún hay más.

6.8.09

Catalan yourself


A mucha gente le gusta hacerse el sueco (no confundir con montarse un mueble de Ikea o hacerse una película suecada). El problema es si eres sueco; entonces, ¿qué te haces?

Te puedes hacer el catalán, por ejemplo. Sin ir más lejos: en Jönköping (Suecia) existe un grupo de 30 personas que, pese a ser suecas y parecer suecas, se conocen por el colectivo nombre de I'm From Barcelona. Esto, para los que no hablan sueco, quiere decir: 'Soy de Barcelona'.

Pero aquí no acaba la cosa: los I'm From Barcelona tienen tanto interés en convencernos de que son de Barcelona que han elaborado una canción titulada "We're from Barcelona" (en sueco: 'Somos de Barcelona').

Aquí podéis escucharla. Lamentablemente, la discográfica no me deja empotrar el vídeo. Lamentablemente para ella, claro.

(Por cierto, la canción se deja oír estos días en un anuncio de San Miguel. Ya sé que el dato es absolutamente irrelevante, pero seguro que me proporciona muchas visitas.)

Pregunta: ¿a qué viene ese interés desmesurado por Barcelona?

Posibles respuestas:

1. Los miembros del grupo visitaron la ciudad condal en su época de erasmus.

2. Los integrantes de la banda visitaron la ciudad prodigiosa en su época de guiris.

3. Los componentes del tinglado intervinieron, como dobles de Javier Bardem, Penélope Cruz y Joel Joan, en el rodaje de Vicky Cristina Barcelona.

4. El nombre del grupo hace referencia a una frase (¿recurrente?) de Manuel, personaje interpretado por Andrew Sachs en la serie inglesa Fawlty Towers.



Respuesta correcta: la 4 (aunque no se descartan las anteriores). En efecto, Manuel es de Barcelona. Esto a más de uno le puede chocar, sobre todo si es de Barcelona o cercanías; la razón: a los espectadores catalanes se nos escatimó la maravillosa versión original en beneficio de un doblaje pernicioso donde Manuel no era de Barcelona, sino de México. Y leo en la Wikipedia que, en la versión castellana, le cambiaron hasta el nombre: Manuel se convirtió en un camarero napolitano llamado Paolo. Me pregunto cómo resolverían el juego de palabras burro/mantequilla.

Obviamente, todo esto lo hicieron por una buena causa: evitarnos la pena de conocer la (mala) suerte de aquellos compatriotas que habían tenido que emigrar a la pérfida Albión en busca de un futuro mejor.

Pero, entre nosotros, yo creo que Manuel no era ni catalán, ni mexicano, ni italiano. Manuel era sueco.

Y es que hacerse el catalán no es fácil.



Post postum. Los que sí son de Barcelona, como Los Manolos, son los Manel.

2.8.09

Éste es tu tubo


Cada vez más, Internet me recuerda a un programa de televisión llamado Ésta es su vida. Un programa que en realidad no recuerdo,* porque su franja de emisión es anterior a mi nacimiento. Sin embargo, seguro que se puede localizar en YouTube, por lo menos.

En cada programa, por lo que no recuerdo,* invitaban a un famoso y le daban un buen repaso. Es decir, daban un buen repaso a su biografía, mientras iban apareciendo invitados que habían jugado algún papel destacado en dicha biografía (por ejemplo, el cura que le dio la primera hostia; no hace falta que diga que se trata de un ejemplo inventado, ya que soy incapaz de recordar el programa).* Más o menos como cualquier programa de Telecinco, pero sin ofender.

Repasando lo dicho: Internet me recuerda a Ésta es su vida. Hasta aquí, nada nuevo: todo el mundo ha oído hablar del Facebook. De hecho, el libro de las jetas tiene bastante que ver con aquel programa, y con cualquier programa de Antena 3. Pero no nos engañemos: hoy no he venido a hablar de mi Facebook. De lo que he venido a hablar es de YouTube.

El otro día, entrando en la videoteca más famosa del mundo, tropecé con la sección de "Recomendados para ti". De ellos, me llamó la atención un anuncio de la Renfe de los años ochenta. ¿Por qué me lo recomendaban? ¿Porque viví en los ochenta, cuando el Bic naranja no era un móvil de Orange? ¿Porque trabajo en una agencia de publicidad? ¿Porque cada día voy al trabajo en un tren de la Renfe? En cualquier caso, acertaron de lleno: no sólo recordaba el spot (aunque lo recordaba más corto), sino que me pareció tan interesante que, no contento con haberlo enlazado en el Facebook, ahora voy y le dedico una entrada. Realmente, es muy inquietante.



Pero lo más inquietante de todo son estos hexasílabos:

Viajará de noche,
y mucho mejor,
porque quien conduce
es el conductor.

¿Se puede saber quién conduce de día? ¿Pipín?

Por no mencionar esta otra estrofa, que merecería un análisis para el que no estoy preparado:

Si va en coche cama,
lleve a su mujer,
por poco dinero
quedará muy bien.

¿Quién quedará muy bien? ¿El cliente? ¿La mujer? ¿O se está refiriendo al coche cama?

* Miento: recuerdo ligeramente la versión de los noventa, conducida por uno de los abogados de Tribunal popular.

9.5.09

¿Hay vida después de Torreiglesias?

No hay que ser muy listo (yo no lo soy) para suponer que la "reducción drástica" de publicidad provocará una "reducción drástica" de ingresos por publicidad. Ahora bien, no sólo de los kit kats publicitarios vive la tele. ¿Se os ocurren otras vías de financiación? Por ejemplo: el envío de SMS para votar las mejores enfermedades de Saber vivir.


De forma fulminante. La dirección de TVE tomó ayer la decisión de sustituir a Manuel Torreiglesias como responsable de Saber vivir, la revista de salud de La Primera (de lunes a viernes, 10.15), "tras detectar que en el programa que ha venido dirigiendo se han incumplido algunas normas básicas de la cadena relativas a la inserción de espacios de publicidad", señala la televisión pública a través de un comunicado.

El País, 8 de mayo de 2009

Una cosa es que Sarkozy se inspire en este blog para decir que Zapatero no es muy listo (al copiar su modelo de financiación televisiva). Pero que también se inspire don Manuel Torreiglesias me parece el rien ne va plus.

1.3.09

La noche del cazador

Fue a principios de los 90. TV3 (Televisió de Catalunya) empezó a emitir una serie titulada Quan es fa fosc (en inglés, Dark justice). Decían que era una coproducción catalanoamericana, pero en realidad era la típica serie de acción yanqui. Con dos peculiaridades. La primera: la habían rodado total o parcialmente en Barcelona. La segunda: su argumento. La cosa iba de un juez amargado ante el hecho de que todos los días tenía que dejar libre a un presunto criminal por falta de pruebas, o porque éstas habían sido obtenidas de forma ilícita; entonces, al anochecer, se soltaba la melena, se montaba en una Harley y se dedicaba a la caza y captura del presunto. En plan juez justiciero.

Cada vez que el juez de jour tenía que soltar por imperativos legales a una de sus presas, le espetaba esta sentencia: "La justicia es ciega, pero ve en la oscuridad." También podía haber dicho: "Me he quedao con tu cara", pero entonces el facineroso de turno habría empezado a sospechar.

Rectifico: La serie no tenía dos peculiaridades, sino una; a saber: que la habían rodado total o parcialmente en Barcelona.



La serie era mala. Eso lo sé ahora. A principios de los noventa, las series no se clasificaban en buenas y malas. Se clasificaban en Bola de drac y las demás. Y entre las demás estaba Quan es fa fosc: una serie que, por el hecho de haberse rodado en Barcelona, estaba llamada a convertirse en un acontecimiento sólo comparable a los Juegos Olímpicos. Y me quedo corto: era, ahora lo sé, la Vicky Cristina Barcelona del momento.

Flashback: Fue a finales de los 80, más o menos. Los de El Equipo A habían aterrizado en Barcelona (pero podía haber sido el Congo) y Murdock, como quien no quiere la cosa, dijo unas palabras en catalán: "si us plau". Años después volvieron a emitir el episodio y el poquito de si us plau ya no estaba, pero yo sé que lo había dicho.

No sé cuántos años pasaron; sólo sé que seguían siendo los 90. Un canal de cobertura española (TVE, quizás) empezó a emitir Quan es fa fosc con otro título: Justicia ciega. Era otra temporada, y creo que ya no estaba rodada en Barcelona. Con esto, la serie no era mejor ni peor; simplemente era lo que era: una serie yanqui sobre un juez que, al anochecer, salía a cazar criminales rozando la legalidad. Ciertamente, no era el argumento del siglo.

Entonces llega el nuevo siglo. Las series ya no se clasifican en buenas y malas. Se clasifican en Los Soprano y las demás. Entre las demás hay muchos salieris, como por ejemplo Dexter: una serie que (sin ser Mozart) es tan y tan buena que sólo faltaría que la rodaran en Barcelona para que se convirtiera en una obra maestra. ¿El argumento? Un forense que, al anochecer, sale a cazar criminales rozando la legalidad. Bueno, de manera totalmente ilegal. En la tercera temporada, además, le acompaña un fiscal. Un tipo con el currículo pelado en eso de los juicios (¿os acordáis del Sifuentes de La ley de Los Ángeles?). Y hasta aquí puedo leer.

Rectifico: Dexter, más que rodarla en Barcelona, deberían rodarla en la delgada línea roja que separa Castilla-La Mancha de Andalucía.