
Recuerdo una historieta de Escobar en la que Zipi y Zape se inventaban un formato televisivo: la serie melodramática con llantos enlatados. Suena absurdo, pero no más que las risas enlatadas.
Nunca las he entendido. Si los gags de una telecomedia son poco o nada graciosos, la introducción de unas risas no hace más que acentuar esa falta de gracia. Por el contrario, si son graciosos, ¿para qué añadir risas prefabricadas? Tal vez partan de la idea de que la carcajada es contagiosa, pero yo creo que más bien incita al bostezo, mucho más contagioso.
Ayer vi el primer episodio de Museo Coconut, el último producto de los creadores de La hora chanante y Muchachada Nui. Es una telecomedia que emiten en Neox (esa cadena que no tiene reparos en partir una frase de Homer Simpson para hacer el corte publicitario a la vez que Antena 3) y que, por una razón que desconozco, incluye risas enlatadas. Tal vez los de Joaquín Reyes hayan querido rizar el rizo de su humor absurdo y surrealista recurriendo a trucos que, por más sobados que estén, nunca dejarán de ser absurdos y surrealistas. Y es que, aparte de las mencionadas risas, hay otros clásicos del humor, como el personaje tartamudo. Mundo viejuno llevado a su máxima expresión.
Si la serie naufragara, como los marineros Maricón y Tontico, sólo salvaría la intro, algunos gags, al personaje de Julián López (me recuerda a un vigilante del Museu Picasso que no paraba de decir: "Esto es una mierda"), al guía interpretado por Carlos Areces y los espumarajos de Miki Nadal. Y a David Trueba, no porque su cameo como cirujano de cuadros sea especialmente memorable, sino porque lo necesitamos para preparar una nueva serie: ¿Qué fue de Joaquín Reyes? No descarto cambiar de opinión cuando vea el segundo episodio, pero de momento a Museo Coconut le falta bastante para ser Museo Collonut.
De todos modos, lo peor de las risas enlatadas no es que hayan contagiado a los muchachos chanantes. Lo peor es que han empezado a introducirse en la literatura. Tal vez exagero, pero de momento ya han infectado Twitter, Facebook y la blogosfera mundial. Me refiero a esos mensajes y comentarios que acaban con jajajaja o XD (bueno, esto último no estoy seguro de que sea una risa). Y debo reconocer que son muy útiles, al menos en mi caso: me sirven, no para saber dónde debo reír, sino para saber dónde debo hacer un unfollow.
En resumidas cuentas, vale más no tener gracia que ser un gracioso jajajaja.
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12.11.10
Las risas enlatadas son una lata
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