2.4.11

Vías de doble contrasentido




I


Ya hablé en su día de los billetes de tren que no se pueden fumar. Hoy les toca el turno a los billetes de tren que no son válidos para viajar.

No hace falta señalar que esta presunta invalidez, además de un contrasentido, es una falsedad. Que yo sepa, no está prohibido subir a un tren (ni a un autocar, ni a un barco, ni –de momento– a un avión) con uno de estos billetes.


II


Cada vez que la megafonía de la estación de Sants proclama que "Para este tren no son válidos los billetes de Cercanías", me entran ganas de contestar: "Para este viaje no se necesitan alforjas."

¿Desde cuándo no está permitido viajar en AVE con un billete de Cercanías entre las páginas de, pongamos, una novela de Antonio Orejudo? ¿O acaso sólo se pueden marcar las páginas con puntos de libro homologados?


III


Esto lo publiqué en Facebook a principios de año:



Gracias a la nueva ley antitabaco, la terraza del bar de la estación ya dispone de estufa. Los pasajeros, en cambio, siguen pasando frío en los andenes mientras los altavoces informan de que "está prohibido fumar en el recinto de la estación".

21.3.11

Me busco




Llevo muchos días sin actualizar este blog, lo cual no deja de ser normal, teniendo en cuenta que me encuentro desaparecido. Si alguien me halla, o cree tener alguna pista sobre mi paradero, ruego envíe un mensaje a sala[arroba]flyhard.org (o llame al 655 851 709, de 4 a 9 de la tarde, excepto domingos) y haga una reserva. No será recompensado económicamente, pero por la friolera de 5 o 10 euros podrá ver una obra de teatro sin par ni parangón (y que ha sido prorrogada hasta el 18 de abril, y porque justo después viene la Semana Santa y no queremos robarle espectadores a La Passió, que si no…).

Post postum. El otro día me estaba buscando (egosurf ergo sum) y acabé encontrando esta entrada (incompleta: faltan obras de Javier Daulte y Jordi Casanovas y muchos otros) de la Wikipedia.

8.3.11

Buena prensa


Podría echársela a Yoko Ono o al chachachá, pero no sería justo: la culpa de todo (o de un 90 por ciento, mientras no se demuestre lo contrario) la tiene Wendolin Kramer.

¿Y quién es Wendolin Kramer?

Wendolin Kramer es una superheroína que quiere ser detective. O quizás es una detective que quiere ser superheroína. O… Bueno, creo que le dedicaré una entrada en un futuro breve, cuando me aclare un poco las ideas (mediante un brainwash). De momento, sólo diré que Wendolin Kramer es la protagonista de Wendolin Kramer, la última novela de Laura Fernández. Evidentemente, hablaré de ella en la entrada que le dedicaré a su novela en el futuro, del mismo modo que hablé de ella en la entrada que le dediqué a su anterior novela en el pasado, y del mismo modo que volveré a hablar de ella en esta misma entrada.

Vale, todo esto está muy bien, pero ¿de qué se acusa a Wendolin Kramer?

Se la acusa de haber absorbido un 90 por ciento de mi tiempo libre, incluida la porción de tiempo necesaria para actualizar este blog. El otro 10 por ciento, por cierto, es imputable a la Guía del autoestopista galáctico, libro de Douglas (como el chicle) Adams (como el chicle) que tenía previsto empezar tras la finalización de Wendolin Kramer (y después de haber actualizado este blog), pero que cogí por error un día que andaba (corría) con prisa, cuando el libro que tenía que haber cogido es Wendolin Kramer, y eso que éste tiene la portada eminentemente azul y aquél la tiene predominantemente naranja, pero me parece que me estoy yendo por los cerros galácticos de UB313.

Perfecto. Ya he actualizado el blog. Y ahora ¿qué?

Ahora toca retomar la entrada anterior. Como recordaréis, dicha entrada (estoy evitando el vocablo post aposta) hacía referencia a algunas de las reacciones que el estreno de Els últims dies de Clark K. había suscitado en los medios de comunicación, y concluía con un prometedor "Continuará".

Y he aquí la continuación propiamente prometida:

El miércoles de la semana pasada (ya he dicho que mis lecturas me han tenido muy ocupado), El Punt publicó una entrevista que me había realizado Jordi Bordes. También la publicó el diario Avui, pero no hace falta que pinchéis en los dos enlaces.

Y el jueves aparecí en el suplemento Tendències de la edición catalana de El Mundo (en efecto, el mismo suplemento que hace cuatro años sacó a la luz mi oscuro blog quesero). El reportaje lo firmó Laura Fernández. ¿Y por qué lo firmó? Porque es la autora del reportaje, claro. También es la autora de Wendolin Kramer, pero eso ya lo había dicho.



Por cierto, fue a través de Laura Fernández como conseguí otro lector: Carlos González Peón estaba leyendo un artículo de Javier Calvo que le llevó al blog de Laura Fernández, y en el blog de Laura Fernández leyó una entrada que le condujo al texto primigenio en que se basa Els últims dies de Clark K. (Los últimos días de Clark K.), pero casi mejor que os lo cuente él mismo en su propio blog, que tiene mucha más gracia.

Definitivamente, la semana pasada fue una pasada de semana. Y ésta va por el mismo camino: ha empezado con el anuncio de la prórroga, por dos semanas más, de la obra. Concretamente, hasta el 28 de marzo.

Si la cosa sigue así, lo mismo habrá que pasar a los penaltis.

1.3.11

Los periodistas también pagan


I


Las entradas de la SALAFlyHard tienen dos precios: 5 y 10 euros. El espectador dispone de completa libertad para elegir uno u otro, en función de sus posibilidades o de su generosidad. En ambos casos, se trata de precios irrisorios, si se comparan con los precios que se gastan otros teatros (con un aforo hasta veinte veces mayor y, por lo tanto, muchísimo más rentables). Así, es comprensible que no haya invitaciones. Ni siquiera para los periodistas.


II


Diálogo de periodistas en Twitter:

xxxxx
@yyyyy Eh! Yo tb quiero ir a ver el Clark Kent! Tienes el contacto de prensa?

zzzzz
@xxxxx @yyyyy Prensa? En la Flyhard? Yo tuve que ir pagando! Tú yyyyy? Te dejaron colarte?

xxxxx
@zzzzz @yyyyy Ahora entiendo pq la sala Flyhard sale tan poco en los medios…


III


El periodista @xxxxx se equivoca. Estoy bastante seguro de que la SALAFlyHard, con apenas cuatro meses de vida, ha salido más en los medios que teatros más veteranos donde los periodistas pueden entrar por la patilla.

El sábado, sin ir más lejos, La Vanguardia la incluyó en un reportaje sobre las salas pequeñas de Barcelona. Además, Jordi Casanovas apareció en la sección de los semáforos (con una luz verde, claro).

Y el domingo volvió a salir en el mismo periódico:



(Pinchando encima se lee mejor.)*

Continuará.

* Gracias a @marc_ribo por compartir el documento.

20.2.11

Anuncio trampa




A simple vista, parece una oferta de empleo publicada en Domestika por una agencia de publicidad asturiana, pero en realidad es una trampa urdida y tendida por Lex Luthor, que ha trasladado su base de operaciones a Avilés.

Si no me creéis, releed la oferta (la leeréis más holgadamente pinchando encima) y preguntaos qué es exactamente lo que están buscando.

¿Es un director de arte? ¿Es un redactor? ¿Es un director creativo? ¿Es un director de cuentas? ¿Es un planificador estratégico?

No: ¡es Supermán!

(Por cierto, a partir del jueves 24 de febrero podréis ver a Supermán en la SALAFlyHard. Habéis leído bien: a partir del jueves 24 de febrero. Lo de que se iba a estrenar el jueves 17 fue una falsa alarma.)

14.2.11

De Baltimore a Nueva Orleans (19 horas y 40 minutos, según Google Maps)




Es imposible ver Tremé sin pensar en The wire. Claro que si no has visto The wire, es posible que veas Tremé sin pensar en The wire. Pero, si no has visto The wire, ¿qué haces viendo Tremé? ¿Qué haces leyendo este blog?

Tremé (yo lo escribo con tilde, aunque en la serie va sin, así que no sé) es el último artefacto televisivo de David Simon, cocreador de The wire. Ambas series tienen muchas cosas en común. Para empezar, son muy realistas, pero con ese realismo que a veces, más que realista, es real. Porque The wire es muy real. Aunque los hechos que narra sean ficticios, hunden sus raíces en la realidad misma.

David Simon había sido periodista. Ed Burns, el otro cocreador, había sido policía. Y profesor. ¿O el profesor era Simon? No, creo que era Burns. Esta duda se podría despejar si me documentara como es debido. Pero, si me documentara como es debido, estaría trabajando en el Baltimore Sun, o en la HBO. Digo que David Simon había sido periodista, y Ed Burns (no confundir con el director de Ella es única) había sido policía y profesor, porque la serie iba de policías y periodistas y profesores y políticos y muchas profesiones que empiezan por P, y se notaba que sabían de qué hablaban, porque lo habían vivido, y lo que no, pues se lo inventaban, pero después de haberse documentado como buenos periodistas (a los malos les basta con mirar los trending topics del Twitter) y como buenos guionistas (aquí debo mencionar a George Pelecanos, Richard Price, Dennis Lehane y toda la peña). Y… me he perdido. Ah sí, que The wire es una serie basada no tanto en hechos reales como en la realidad pura y dura y cruda. De hecho, algunos de sus personajes están interpretados por personajes reales (gentes del hampa local, ya rehabilitados, creo). El resto del reparto son actores enormes pero desconocidos para el gran público. Y ése es el problema: son tan buenos que les llueven ofertas de trabajo. Aunque para ellos no supone ningún problema, claro.

A Michael K. Williams (Omar Little) lo hemos vuelto a ver en La carretera. Y claro, ves La carretera y no dices "¡Mira, Michael K. Williams!", sino "¡Mira, Omar!" o quizás "¡Mira, Omar haciendo de Bubbles!" (otro personaje de The wire). Ahora también lo podemos ver en Boardwalk Empire, la última gran serie de mafiosos de la HBO. En el tráiler de la misma, aparece con dos escopetas recortadas y, claro, es imposible no decir "¡Joder, pero si es Omar!", porque si algo caracteriza al bueno de Omar es ir por ahí con dos armas de fuego, una por brazo. Y claro, entiendo que es un guiño, y los guiños se agradecen, pero te sacan de la historia. Además, encasillan al actor. Pero olvidad esto último: al final del párrafo anterior he dicho que para los actores no supone ningún problema, y tampoco es plan de ir contradiciéndome.

Entonces llega Tremé. Como he apuntado en el segundo párrafo, Tremé tiene muchas cosas en común con The wire. Una de ellas es su tratamiento sumamente realista. Pero comparten más cosas. Por ejemplo, los actores. A ver, no estoy diciendo que los actores sean cosas (aunque haya gente empeñada en llamar a los trabajadores "recursos humanos", pero ésta es otra guerra). Tampoco estoy diciendo que ambas series compartan a los actores, como si fueran padres divorciados, una semana contigo, la otra conmigo, porque The wire ya se acabó y, por lo tanto, no tiene que compartir nada con nadie. Pero me habéis entendido, ¿no? En realidad, no tienen tantos actores en común. De entrada, están Clarke Peters y Wendell Pierce, viejos conocidos (conocidos como Freamon y Bunk, respectivamente). No digo que antes de The wire hubieran sido unos perfectos desconocidos, pero desde luego no eran Morgan Freeman y el padre de Cosas de casa. El caso es que, mientras veías The wire, eras incapaz de imaginártelos en otro papel. No eran actores. Eran policías de Baltimore. En cambio, los ves en Tremé y su trabajo interpretativo sigue siendo tan bueno o mejor pero, claro, ahora sí puedes imaginártelos en otro papel. Porque, no importa que uno de ellos toque el trombón y el otro haya cambiado los muebles en miniatura por las reformas a gran escala, en lo más profundo de su ADN siguen siendo policías de Baltimore.

Pero no estoy siendo justo. Sólo llevo cuatro episodios de Tremé. En cambio, de The wire he visto los sesenta (y algunos los he visto dos veces, pero ésta es otra historia). Estoy seguro de que cuando lleve más capítulos pensaré menos en Baltimore. Del mismo modo que fui capaz de ver la tercera, la cuarta y la quinta temporada de A dos metros bajo tierra después de haber visto la primera de Dexter sin temer que el enterrador interpretado por Michael C. Hall fuera en realidad un psicópata. Por eso digo que no estoy siendo justo. Sin embargo, David Simon no nos lo pone nada fácil.

Por ejemplo, el cuarto capítulo de Tremé incluye dos cameos ilustres: el músico Steve Earle (intérprete del tema de The wire en la quinta temporada y actor en algunos episodios) y Jim True-Frost, el agente Pryzbylewski de la otra serie. Además, el capítulo también incluye un chiste a partir del cual se había generado una de las tramas de la tercera temporada:



Hamsterdam. Esto es un guiño como la copa de una secuoya. Y si Tremé nos cuenta lo que pasa en Nueva Orleans después del Katrina, Tremé es lo que pasa en la HBO después de The wire (y de Generation Kill, pero ésta aún no la he visto).

¿Sabéis qué? Tremé mola. Cada vez mola más (suele pasarme con algunas series de la HBO, como Roma o Boardwalk Empire, que tardan en engancharme pero luego no me sueltan). Y, además, sale John Goodman.



Tremendo.

8.2.11

¿Es un póster? ¿Es un cartel? No: ¡es un Clarktel!




O, como dirían en Krypton, un Kart-El.

Perdón por los chistes malos, pero es que todo el asunto me está generando una sobredosis de ilusión. ¿Ya os he dicho que las funciones empiezan el 17 y que podéis hacer vuestras reservas aquí y ahora?