
–¿Te puedo hacer una pregunta personal?
–¿Cómo de personal?
–Pues… más que poco y menos que mucho.
–O sea, bastante.
–Bueno, bastantillo.
–Entiendo.
–¿Puedo hacértela?
–Venga, vale.
–Esto… ¿Por qué tienes metido el flequillo en la impresora?
–Es que yo también quiero dejarme tupé.
–Ah, bien. Me habías asustado.
–Igualmente.